El calamar (Loligo vulgaris), cefalópodo habitual en aguas poco profundas y también en las grandes profundidades: en el Atlántico (Islas Canarias o Noruega) y en el mar Mediterráneo.
Posee una cabeza grande, y un cuerpo en forma de vaina con dos aletas laterales. En torno a la boca hay ocho tentáculos con ventosas y dos contráctiles con el extremo ensanchado y aplanado. En estos últimos hay cuatro hileras de ventosas rodeadas de anillos de garfios quitinosos (córneos). Los tentáculos contráctiles, más largos que el resto, sirven para atrapar a la presa y llevarla hasta los tentáculos más cortos, que la sujetan hasta que es desgarrada por unas poderosas mandíbulas en forma de pico curvado.
El calamar, destaca nutricionalmente por su contenido en minerales (potasio, magnesio, zinc, fósforo y hierro) y vitaminas en pequeñas cantidades: vitamina A, B3 y B12. Alimento ideal en dietas equilibradas y saludables. Recomendado para personas con diabetes e intolerancia al gluten.
Las distintas especies de calamar son muy utilizadas en cocinas de muy variado estilo. Lo más importante es que su carne sea tierna y no se endurezca al cocinarlo. Las presentaciones más populares son rellenos, rebozados o a la plancha.